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15/04/2015

Discos recomendados: una lista de... uno


Hoy estamos a mitad del mes de apreciación del jazz, una de esas cosas que tanto gustan en la costa de enfrente y que para algunos de nosotros no tiene demasiado sentido. Aun así, nunca sobra la publicidad para una forma de expresión musical que puede ser tan visceral como sofisticada, y ha atravesado barreras de clase, raza y nacionalidad. En la práctica, el evento de marras conlleva fiestas, fotos, morralla publicitaria, sonrisas blanquérrimas... y listas de discos. De estas ha habido, hay y habrá muchas y, por norma, tienden a ser convencionales y endebles en lo crítico: no están mal si uno se conforma con "esto está muy bien", pero no alcanzan si se necesita un "esto está muy bien porque...".

Aparte, hay que ser un poco iluso para recomendar más de, pongamos, cinco discos a quien no le haya hecho falta escuchar jazz nunca. Con todo lo que tenemos alrededor hoy en día, música de todo tipo, libros, películas, cine, televisión... tanto físicamente como a través de internet, una hora de atención exclusiva se ha convertido en un lujo.

Por eso, y porque cuanto mayor sea el cupo de discos a recomendar mayor será la tentación de caer en lo políticamente correcto (de todos los equívocos sobre el jazz, el de que sus aficionados somos gente sin prejuicios y de cierta altura intelectual es el más disparatado), aparte de ser una salida fácil para blandos, vamos a ver si conseguimos zafarnos del ruido de fondo y damos un disco, uno, (1), de jazz que debería tener todo el mundo.

No va a ser ni de Louis Armstrong, ni de Duke Ellington, ni de Charlie Parker, ni de Miles Davis, ni de John Coltrane. Los cinco son músicos extraordinarios, géneros musicales en sí mismos, pero no son representativos del jazz. No, no lo son. No dejen de echarles un tiento si tienen tiempo y ganas, pero tengan presente que el resto del "jazz", o "los jazz", casi nunca estará a esa altura; tengan siempre presente su excelencia y evitarán decepciones. Y aunque muchos no se atrevan a admitirlo, no serían los primeros en pensar que clásicos como Kind of Blue o Giant Steps son, respectivamente, demasiado lento y demasiado intenso (y lo de clásicos va en serio).