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21/05/2014

El lado "clásico" de Marc Ribot

El nivel de los guitarristas de hoy en día roza lo absurdo, especialmente con la extendida tendencia al eclecticismo, a no restringirse a un solo estilo de música. Gente como Bill Frisell, Julian Lage, Nels Cline... son capaces de saltar de un género a otro sin despeinarse, mientras que otros, quizás más especializados, como Russell Malone, Frank Vignola, John Pizzarelli o, en otro ámbito, Joe Morris y Mary Halvorson no dejan de conquistar nuevas cotas artísticas.

Todos esos músicos son extraordinarios, y quien lea estas debería echarles un tiento, en vivo o en disco, y muy especialmente a un favorito de este blog, Marc Ribot, que hoy cumple 60 años.

Ribot ha tocado y grabado como líder y como acompañante en proyectos tan dispares como el Electric Masada de John Zorn hasta el disco Raising Sand  de Alison Krauss y Robert Plant, o se ha hallado en situaciones como la del Jazzaldia del año pasado, en el que tocó un día en el Maratón zorniano y al siguiente acompañó a Diana Krall. Sin ser un virtuoso en el sentido convencional —aunque su técnica sirve de sobra su propósito, o simplemente quizá sea hija de éste— el gusto de Ribot, su toque y, sobre todo, su tono magro y suculento lo han convertido en un músico muy buscado (lo cual, dicho sea de paso, sirve para restaurar la fe en la escena musical de hoy en día).

De niño Ribot fue vecino, en Brooklyn (Nueva York), del notable guitarrista y compositor haitiano Frantz Casseus, quien impartíó clases al joven Marc. En este artículo (en inglés), Ribot habla ampliamente sobre su mentor.

Marc Ribot y Frantz Casseus en 1987. Foto de Harriet Ribot.

01/08/2013

Jazzaldia 2013: día 5 y último

Cosas que uno se encuentra
La mente humana es así: el quinto día del Jazzaldia, antes de que haya terminado, uno pide íntimamente que llegue el final cuanto antes; en cuanto se extingue la última nota y se ha recuperado el aliento, se echa en falta. En todo caso, uno no es un Leónidas y no llegó a dos actuaciones que prometían mucho: el espléndido dúo de Barry Guy con Maya Homburger el sábado por la noche —tras el Maratón Masada— en el incomparable marco de San Telmo con el fresco de Sert a sus espaldas, y la actuación de Diana Krall en el Kursaal. Según fuentes solventes, a la Krall no se la vio en su mejor momento al piano, y el que tiró del carro musical del concierto fue —sorpresa, sorpresa— el invitado Marc Ribot.

Por una cuestión de conveniencia de horarios —o de prioridades, no nos engañemos— sí nos dio tiempo a pasar por la feria del disco del Hotel de Londres. Tras el consiguiente intercambio de euros por algo de rock, blues acústico, blues eléctrico, country antiguo, gospel clásico, un par de cosas de Martial Solal y la rareza que ven más arriba, dimos buena cuenta de la oferta gastronómica de San Sebastián, en la Parte Vieja y en Gros.

Patatas bravas del Café San Telmo (junto al Museo)
Chuletón del Bar Néstor (C/Pescadería)
G&T de la Gintonería (Gros)
(© Fernando Ortiz de Urbina)

31/07/2013

Jazzaldia 2013: día 4

El plato fuerte de este Jazzaldia fue el Maratón Masada, una batería de actuaciones de grupos orquestada por JOHN ZORN. Si bien es cierto el reiterado mensaje de que esta sería la única presentación de este evento en Europa —habrá otra en Nueva York en septiembre—, también lo es que está enmarcada en toda una batería de actuaciones colectivas con motivo de su 60º cumpleaños, como la habida en Londres o la que está a punto de celebrarse en Lisboa.

John Zorn probando sonido
(© Lolo Vasco/Heineken Jazzaldia)
Zorn es un organizador nato. Quienes lo han visto trabajar sin público lo describen como un jefe directo, claro, exigente y concentrado en el trabajo. Lo suyo es manu militari: sin porfavores, perdones ni gracias, si a la hora de dar mover a sus cuarenta y tantos músicos la forma más eficiente es el discurso telegráfico a gritos, como “¡Hotel! ¡Bus! ¡AHORA!”, a gritos se hace. A nadie parece importarle que entre los increpados estén figuras del calibre de Uri Caine, Marc Ribot o Dave Douglas.

27/07/2013

Jazzaldia 2013: día 3

Uno de los retos para el comentarista de jazz de los que no se suele hablar es cómo valorar la actuación de un septuagenario o de alguien aun mayor. Teniendo en cuenta su abundancia en este género, y que sólo por llegar a esas edades ya se les considera leyendas, los dilemas están ahí: ¿hay que ser “generosos”? ¿hasta qué punto? ¿Cómo se puede decir a alguien que debería retirarse? ¿Merece la pena meterse en semejante berenjenal?


La tercera jornada marcaba el arranque, por primera vez en el Jazzaldia, de una serie de actividades para niños, englobadas bajo el lema Txikijazz. No tenemos noticias directas, pero parece que la organización está relativamente satisfecha. El plato fuerte del día lo marcaban, no obstante, las actuaciones de Lee Konitz, Dave Douglas y Pharoah Sanders.

Basta que uno reproche la falta de seriedad de la lluvia para que nos riegue más seguido y con más persistencia. Y que la actividad pluvial esté totalmente en marcha para la hora del pase de Dave Douglas en la Trini, al aire libre.


Con prácticamente todo el público plastificado en verde botella se presentaron DAVE DOUGLAS y su quinteto, con Jon Irabagon al tenor, Matt Mitchell al piano, Linda Oh al contrabajo y Rudy Royston a la batería. Digamos ya que Irabagon es de Chicago y tiene ascendencia filipina, y que Oh es malaya y criada en Perth (Australia).

El quinteto de Dave Douglas (© Fernando Ortiz de Urbina)

26/07/2013

Jazzaldia 2013: día 2

Escanciando sidra en Azpeitia
(© Fernando Ortiz de Urbina)
Dado que el grueso del Jazzaldia se desarrolla por las tardes, las mañanas quedan libres para otras actividades en una ciudad y sus alrededores, lurralde en la parla políticamente correcta, con una oferta gastrónomica sin par. Ayer había feria y concurso de sidra en Azpeitia, a media hora en coche por la autopista. Bajo un sol de justicia y contra el fondo de la música itinerante de la banda municipal y las cuadrillas de trikitilaris (acordeón diatónico y pandereta), el ritual consistió en pagar un vaso e ir probando el producto de los puestos a lo largo del perímetro de la plaza municipal. En el centro, el jurado oficial degustando el producto, escanciado como mandan los cánones.


*

La segunda jornada arrancó, para este cronista, con el trío de VIJAY IYER arropado por la acústica limpia y matizada del teatro Victoria Eugenia. Neoyorquino, hijo de emigrantes indios tamiles, licenciado en físicas y matemáticas, Iyer está al margen de los perfiles habituales del músico de jazz. Y eso se nota en su música, incluso viniendo a través de un formato tan sobadísimo como el trío de piano.

Vijay Iyer Trio (© Fernando Ortiz de Urbina)

25/07/2013

Jazzaldia 2013: día 1

© Fernando Ortiz de Urbina

La sucesión de conciertos gratuitos en los aledaños del Kursaal hacen de la primera jornada del Jazzaldia un evento aparte. Lo que para algunos es alegre y participativo, para otros es la turba.

Dejando a un lado cuestiones estilísticas, que ya somos mayorcitos, hay que plantearse qué queremos de la música. En el mejor de los casos, debería poder hacernos bailar y saltar, callar y chillar, reír y llorar... mientras nos arranca el corazón como a Indiana Jones y lo vuelve a dejar en su sitio, con ternura, las veces que haga falta.

El jazz, la música, el arte en general, en el mejor de los casos, parece nacer de este diálogo:
—¿Y si hacemos...?
—¡¿Y por qué no?!
© Fernando Ortiz de Urbina

Qué pasa si reunimos dos baterías, un vibráfono, percusiones varias, bajo eléctrico, dos guitarras eléctricas con sus correspondientes efectos, sección de vientos (trompeta, trombón, saxos alto, tenor y barítono), un theremin, voces... y, en realidad, lo que se le ocurra al director. También pueden añadirse unos bailarines. Y un pintor que trabaje durante la actuación. Y video de fondo. ¿Y qué tal un globo gigante con forma de medusa? Ya puestos, que flote sobre el escenario y se pasee por encima del público.

Qué pasa si, con ese conjunto, en el repertorio metemos mucho vamp. Como el tema de "Misión Imposible". Música para bailar. Y ritmos binarios, como los de la "Danza del Sable". Y ternarios. Y en cuatro, que es lo clásico. Y en cinco como nunca hubiera imaginado Dave Brubeck. Y un poco de ese jazz que va desde Mingus a Mostly Other People Do The Killing. Y guitarras rockeras. Y acordes bonitos. Y estruendosos unísonos. Y polkas. Y ska...

Todo eso, que responde al nombre de SHIBUSASHIRAZU ORCHESTRA, se perdieron las cenicientas del día 24. Eso, y ver a toda la playa de la Zurriola, repleta, eufórica, saltando y dando palmas a las dos de la mañana de un jueves.

Shibusashirazu Orchestra
© Fernando Ortiz de Urbina

Antes, esa misma tarde...

ROBERT GLASPER: en cuarteto. El vocoder da bastante menos juego de lo que algunos parecen creer. El funk es como un buen postre: lo remedia todo. Sobre un buen bajista (Derrick Hodge) y un buen baterista (Mark Colenburg), se puede tocar prácticamente cualquier cosa. Uno de los mejores momentos se produjo con Casey Benjamin al saxo y sin Glasper. Para pensar.

22/07/2013

De festival

Llevan en pie desde hace unos sesenta años: el irresistible encanto de combinar el destino turístico con un festín de jazz y otras músicas (Chuck Berry tocó en Newport en 1958, o sea que nos sobran precedentes). Pequeño burgués, quizás, aunque no lo creo. Exclusivo, para nada.

En las próximas fechas estaré dando novedades desde el Heineken Jazzaldia de San Sebastián, donde di mis primeros pasos como reportero dicharachero hace una pila de años. Reencuentros, recuerdos, amigos y una comida extraordinaria me esperan. El programa se puede consultar aquí, por si aún hay dudas sobre una visita.

Eso es ahora. Para entrar en ambiente, lo que viene a continuación es de Newport 1962. Unos pocos extractos de buena calidad, por cortesía de Franz Hoffman, más uno más completo, de fidelidad algo peor, pero con imágenes de Roland Kirk y Pee Wee Russell, por lo que no caben las quejas.

¡Nos vemos!

Count Basie and His Orchestra


19/02/2013

DEP Federico García-Herraiz

Para quienes nos adentramos en el jazz desde un pueblo pequeño, sin internet ni otros lujos que hoy damos por sentado, la llegada de Cuadernos de Jazz a la biblioteca municipal era un acontecimiento. Su lectura, como la escucha de los pocos discos que uno tenía, calaba con la misma rapidez con que el agua desaparece en tierra seca.

En esa época de educación tan sentimental como musical, la de Federico García-Herráiz era una de las firmas de las que yo rumiaba hasta las comas. Aunque con el tiempo compartimos páginas, nunca llegué a conocerle en persona, y las veces que le vi, siempre con bastón a pesar de su aparente juventud, fue antes de mi entrada en la revista y no me atreví a saludarle y darle las gracias por lo aprendido.

Federico nos dejó apenas una semana después que Raúl Mao. Del primero no tengo ninguna foto, pero con Raúl he encontrado esta, del Jazzaldia de 1999, de tiempos, en muchos aspectos, más felices.

Con Max Roach y Raúl Mao en San Sebastián, julio de 1999