28/04/2009

I remember Pío


Durante al menos un par de años ésta fue una de mis sintonías favoritas, el "Big Noise From Winnetka" de Bob Haggart y Ray Bauduc, con el que se abría, a partir de la medianoche del sábado y en directo salvo causa de fuerza mayor, el programa Batería y Contrabajo de Radio Euskadi. No recuerdo cómo di con él, pero sé que no sabía absolutamente nada ni del programa ni de su presentador, Pío Lindegaard (1920-1999). Con el tiempo le conocería en persona (en la cola del concierto de Benny Carter con Doc Cheatham en San Sebastián, 1994) y llegaría a participar en su programa, con más entusiasmo que conocimientos, educación o decoro. En cierto sentido, fue quien me dio la alternativa en esto del jazz.

El domingo pasado se cumplieron diez años de la muerte de Pío. Esto es lo que más o menos escribí entonces para Cuadernos de Jazz:
A mí la épica barata me va tan poco como al que menos, pero habiendo conocido a Pío Lindegaard se puede decir que la muerte le tuvo que pillar durmiendo, y que sólo ella pudo hacerle dejar Batería y Contrabajo tras 47 años de emisión sin interrupciones de importancia.

En la vida civil Pío fue cónsul de Dinamarca en Bilbao, políglota (fluído en cinco idiomas y entendible en otros tantos), caballero de los de corbata diaria y "buenas, don Pío" en su cafetería habitual y yo qué sé cuántas cosas más. Si hubiera que etiquetarle en su faceta jazzística no sería como músico: la única duda que abrigaba sobre el temprano abandono de su carrera como guitarrista era si el alivio había sido mayor para su prójimo o para sí mismo. También era el primero en decir que no era un locutor de radio y le dejaban frío el análisis musical, las implicaciones cosmológicas de la quinta disminuida y la inmensa chorrada que a menudo envuelve al jazz. Pío era simplemente un entusiasta de tomo y lomo.

Solía contar que allá por 1934, enredando con una radio que le habían regalado sus padres oyó una música que no sabía lo que era pero que le enganchó. Un par de años más tarde llegaba a Dinamarca días antes del comienzo de la Guerra Civil. Allí iban a apuntalar su entusiasmo Benny Carter –entonces en Europa y con quien Pío se reencontró en 1994 en San Sebastián–, Fats Waller y Jimmie Lunceford.

Menos conocido que esas anécdotas era el alivio que sintió Pío cuando, al principio de la singladura de Batería y Contrabajo, no le cerraron el puesto por programar ¡a Louis Armstrong cantando! Por lo visto, el Bilbao de principios de los cincuenta estaba más por Mario Lanza.

La última vez que coincidimos fue en Getxo hace dos años. Pasé un par de días en su casa –caballero a la antigua, anfitrión a la antigua– y fuimos a un par de conciertos. De la víspera del homenaje que se le hizo entonces guardo el recuerdo de una tarde de sol, sentados en un banco sobre la desembocadura del Nervión. La placidez con que hablaba del pasado, del presente y del futuro, incluida la muerte, era la de un hombre vivido, inteligente, amable y generoso. Unas horas más tarde salíamos agotados, sudorosos y sonriendo de oreja a oreja de un conciertazo de NHØP con Johnny Griffin, de esos en los que salta la chispa y asoma el lado más visceral y bluesy del jazz.
Después de esa tarde, que culminó con una entrevista que le hizo el también añorado Xabier Rekalde, no volví a ver a Pío. Al poco tiempo me vine a Londres y ya no hubo ocasión.

Gracias por todo, Pío. No se te olvida.

Xabier Rekalde (dcha.) entrevistando a Pío Lindegaard en Getxo, julio de 1997.

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Per Erik Lindegaard (1920-1999, everybody called him "Pío") was a truly multifaceted man, who hosted a jazz show without major interruptions, in different stations in Bilbao, between 1952 and 1999 (surely some kind of world record - he did his last show two days before death caught him in his sleep). Born in Amorebieta (near Bilbao, in Spain) to Danish parents, he was an engineer by trade and a culture all-around man by avocation. I met him around the time when I was starting in music journalism and I got a good bit of my foundation in swing, mainstream and bebop from him, first through the airwaves (his theme tune was "Big Noise..."), later in person. My most vivid memories of him are from a couple of days we spent together in Bilbao and Getxo in 1997, and a long conversation in a warm Summer afternoon, when he reflected on music, his past life, his future, even death, to this almost complete stranger.

That day, the last time I saw Pío, ended with him being interviewed by another illustrious jazz writer who's no longer with us either, Xabier Rekalde (in the picture), a man who could write like an angel and who always treated this rookie with unfailing kindness.

Pío died on April 26, 1999; Rekalde, on May 4, 2006.

I miss them both.

24/04/2009

¡Te lo dice Monk!


Aunque circula desde hace tiempo por el espacio virtual, confieso que no tenía ni idea de la existencia de estas notas, hasta que las vi en El Mundo (y eso porque me lo chivaron).

A pesar de lo que dice en la noticia, la nota no la escribió Monk, sino el propio Steve Lacy, probablemente a lo largo de las muchas ocasiones en que tocó con Monk en 1960. De algo debió de servir la chuleta, dado el dominio que llegó a lograr Lacy de la cosa monkiana. Un servidor todavía recuerda la primera parte del concierto de Lacy en San Sebastián en 1997, un solo ininterrumpido de unos cuarenta minutos a base de temas de Monk, a pelo, sin amplificación. En el Salón de Plenos del Ayuntamiento no se podía oír ni una mosca (aunque también es posible que estuvieran achicharradas por el calor). Y con Bill Shoemaker de vecino de asiento, qué más se puede pedir. (En la foto, de izda. a dcha.: Lacy, Irene Aeby y Bill Shoemaker tras el concierto).

En todo caso, esto es lo que decía Monk:

Consejos de T. Monk (1960)

Que no toques la batería no significa que no tengas que mantener el compás.

Lleva el ritmo con el pie y canta la melodía mentalmente cuando toques.

Deja de tocar toda:
- esa mierda
- esas notas tan raras, ¡toca la melodía!

Haz que el batería suene bien.

Discriminar es importante.

Tiene que gustarte para poder asimilarlo, ¿entiendes?

[...]

Siempre ha de ser de noche, si no, no les harían falta las luces.

¡¡Elevemos el escenario!!

Quiero evitar a los moscones.

No toques la parte del piano, ya la toco yo. No me escuches, ¡se supone que yo tengo que acompañarte a ti!

El interior de la canción (el puente) es la parte que hace que el exterior suene bien.

No lo toques todo (ni todo el rato); deja que algunas cosas pasen sin tocar. Alguna música sólo imaginada. Lo que no tocas puede ser más importante que lo que tocas de hecho.

Déjales siempre queriendo más.

Una nota puede ser tan pequeña como un alfiler o tan grande como la Tierra, depende de tu imaginación.

¡Mantente en forma! A veces un músico espera que le caiga un bolo, y cuando ocurre, no está en forma y no puede tocar.

¿Cómo deberíamos ir vestidos esta noche? Tan elegantes como podamos.

¡Cuando estés tocando con swing, échale un poco más de swing!

No pidas a nadie que te pasen un bolo. Limítate a estar presente en el mundillo.

Esas piezas se compusieron de forma que hubiera algo que tocar, y para conseguir que los músicos se interesasen lo bastante como para venir a los ensayos.

(A un batería que no quería tocar solos) ¡Como quieras! Si no quieres tocar, cuenta un chiste o baila, pero en todo caso, ¡como quieras!

Cualquier cosa que creas imposible, vendrá alguien y la hará. Un genio es la persona que más se parece a sí misma.

Hubo quien trató que yo odiase a los blancos, pero siempre aparecía algún blanco que me fastidiaba el plan.

19/04/2009

Bank, Penque, Marowitz, Richman... in motion!!!

(Scroll down for English text)  
 
"Middlebrow" representa en inglés el término medio entre la "alta cultura" ("highbrow") y la popular o "baja" ("lowbrow"). Como explica Terry Teachout en el prólogo de su Reader (Yale University Press, 2004), el enfoque middlebrow es lo que hizo que millones de estadounidenses vieran a Maria Callas en el programa de Ed Sullivan (el mismo que presentó a los Beatles en aquel país), o que los lectores de Life tuvieran a su alcance nueve páginas con reproducciones a todo color de cuadros de Renoir.

Un ejemplo de programa middlebrow sería el Omnibus de la CBS, para el que Leonard Bernstein realizó siete capítulos, en los que el director daba un repaso a diversas facetas de la música, como se aprecia en el vídeo, incluyendo la clásica, la contemporánea, la ópera, el teatro musical de Broadway... y el jazz. El vídeo que viene a continuación es un montaje publicitario de la empresa japonesa que ha reeditado la serie completa de los Omnibus de Leonard Bernstein, y contiene extractos de los siete programas en su orden de aparición. Aparte de su evidente interés histórico (y detallitos como el leve backbeat que le da Bernstein a la Quinta de Beethoven, 0:07-0:10, casi americanizándola), el vídeo ofrece la rara oportunidad de ver en movimiento a músicos que son poco más que una nota al pie en la historia del jazz.

Cualquiera que se haya fijado en los datos discográficos de los discos de jazz (u otros estilos) de los cincuenta, habrá notado que hay nombres que se repiten constantemente, son los músicos de sesión que disfrutaron de una edad de oro en ese década, especialmente en Nueva York y en Los Ángeles. En la segunda parte del vídeo (a partir de 0:20), Bernstein dirige a un grupo de esos músicos de sesión, que tocan su Prelude, Fugue and Riffs (de hecho es parte del tercer movimiento, Riffs (for everyone)) con un nervio que falta en otras versiones. El motivo es sencillo: los intérpretes forman parte de ese grupo de músicos de sesión estadounidenses, nacidos aproximadamente entre 1910 y 1930, que no sólo leían perfectamente lo que se les pusiera delante (por algo eran músicos de sesión) sino que en su formación se incluye, en muchos casos, el paso por las big bands de Swing, tocando música de baile y jazz. Al hilo de este programa Bernstein publicó en su momento un disco con Columbia, pero el personal no es el mismo que el de este programa de TV.

Gracias a la ayuda de Hal McKusick, Danny Bank, Kenny Berger y Loren Schoenberg, sabemos que la sección de saxos la componen, de izquierda a derecha, Danny Bank (saxo bajo), Romeo Penque (clarinete), Sam Marowitz (saxo alto), Boomie Richman (saxo tenor) y Al Gallodoro (clarinete). McKusick añade que el segundo trompeta puede ser Bernie Glow, y yo tengo la impresión de que el primer trombón pudiera ser Urbie Green. En todo caso, también pensaba que el tercer trombón podía ser Eddie Bert, pero él mismo ha confirmado que no es él.

Decía que esta versión de Prelude... tiene un nervio que a otras le faltan. Aparte de las pruebas sonoras, el vídeo ofrece una rara ocasión de comprobar cómo tocaban estos músicos de estudio, cuya profesionalidad no estaba reñida con la pasión. Al principio del fragmento puede verse a Danny Bank llevando el ritmo con el pie izquierdo; más adelante, en el plano dedicado a los saxos, se aprecia cómo atacan Romeo Penque y Sam Marowitz el tema, y cómo Boomie Richman va rebotando en su asiento a la vez que baila la música con las cejas. En cuanto a la dirección, obsérvese en 0:24 cómo Bernstein señala el glissando del clarinete con la mano izquierda. La serie completa sólo está disponible en Japón.

 

[Reed section, 0:20-0:35: Romeo Penque (clarinet), Danny Bank (bass sax), Sam Marowitz (alto sax), Boomie Richman (tenor sax), Al Gallodoro (clarinet)]

As chance would have it, when I first saw this clip I was reading the foreword to Terry Teachout's Reader (Yale University Press, 2004), where he explains how he was raised in the age of middlebrow, an approach to culture in the mass media that allowed millions of Americans to watch Maria Callas in Ed Sullivan's show (which would later on introduce The Beatles), and made a few pages of colourful reproductions of Renoir's paintings available to the readers of Life magazine.

The CBS series Omnibus is a perfect example of middlebrow programme, and even bearing in mind the cultural (in time and geographical terms) gap that separates me from 1950s America, I wonder whether the picture of a conservative, almost backwards society is entirely accurate (I'm thinking of Ed Murrow's 1958 speech, or Eisenhower's farewell speech).

But I digress. Leonard Bernstein did seven episodes for Omnibus, reviewing several fields of music, as it can be seen on the video, including classical, contemporary, opera, Broadway... and jazz. This clip is an ad by the Japanese company that has reissued the complete series of Bernstein's "Omnibuses", and it shows excerpts from the seven programmes as they were broadcast.

Besides the general historical interest, and small details like the kind of backbeat that Bernstein gives to Beethoven's Fifth (0:07-0:10), in this video we can actually watch some musicians whose names amount to not much more than a footnote in the official history of jazz. In the second part of the clip (from 0:20), Bernstein conducts a jazz band playing his Prelude, Fugue and Riffs (actually, the third movement, Riffs (for everyone)), with a verve lacking in other versions.

The reason is simple: the musicians belong to that species of session men, born approximatedly between 1910 and 1930, who not only were excellent performers and sight-readers, but at least part of their learning process took place in the swing and dance bands of the thirties and forties - in other words: these guys could read and swing. These are the names that are so common in jazz (and other musics) records, who lived a golden age in the fifties, especially in New York and Los Angeles. (Bernstein released an LP on Columbia accompanying this programme, but the personnel is not the same as on TV.)

Thanks to Hal McKusick, Danny Bank, Kenny Berger and Loren Schoenberg, we know that the reed section is formed by Danny Bank (bass sax), Romeo Penque (clarinet), Sam Marowitz (alto sax), Boomie Richman (tenor sax) and Al Gallodoro (clarinet). McKusick adds that the second trumpet may be Bernie Glow, and I have the impression that the first trombone might be Urbie Green. I also thought that the third trombone could be Eddie Bert, but he's confirmed he isn't.

I was saying that this version of Prelude... has a verve lacking in others. Besides the sonic evidence, the video offers a rare chance to see this session men in motion. how they moved while playing. At the beginning Danny Bank can be seen tapping his left foot; when the camera closes on the reeds it can be seen how Penque and Marowitz's attack, and how Richman bounces lightly on his chair while he follows the music with his eyebrows. As for the conducting, see how Bernstein draws the clarinet glissando with his left hand (0:24). The complete series is available only in Japan.