28/03/2011

Esto de escribir sobre jazz...

Hace unas semanas publiqué en Cuadernos de Jazz el texto que viene más abajo. Lo recupero aquí porque es asunto que tiene más ramificaciones de las que señalaba, teniendo en cuenta lo volátil que está el mundo de los medios y el de la música.

Además el texto obtuvo cierta respuesta tanto en Facebook como en Twitter, y quizás merezca la pena abrir el debate. Hasta ahora ha habido alguna adhesión incondicional y algún desacuerdo poco definido. Aunque se agradecen las adhesiones, más se agradecen los desacuerdos: lo que se me ha ocurrido a mí, ya lo conozco; lo que no conozco es lo que no se me ha ocurrido ni los motivos por los que puedo haberme equivocado.

Lo que cuento es la conclusión de más de 15 años escribiendo sobre música y del contacto cercano con colegas y otros profesionales y aficionados del mundillo. Eso no quiere decir que no me equivoque, simplemente que no se me acaba de ocurrir lo que digo a continuación. Ya digo, las observaciones serán muy bienvenidas. Especialmente los desacuerdos.


De este oficio

No recuerdo qué crítico era, me parece que el ilustre Whitney Balliett del New Yorker, el que abogaba por que músicos y críticos tuvieran el mínimo trato personal posible. Ninguno, a poder ser. En aras de una crítica imparcial, supongo.

Añado yo que para tener la fiesta en paz. Las pocas veces que he leído a músicos profesionales escribiendo sobre los críticos he llegado a la conclusión de que no estaba nada de acuerdo. (En realidad la conclusión es otra, pero en mi discurso interno me permito unas familiaridades que serían improcedentes con prójimos y prójimas.) El motivo debe de ser el desconocimiento de cómo se pone uno delante de la pantalla en blanco y trata de “bailar sobre arquitectura”, como alguien definió esta actividad. Yo sigo el lema de Julián Marías “por mí, que no quede”, o sea que, por si le sirve a alguien, ahí va esto:

  1. El principal requisito para escribir sobre jazz, no es saber de jazz. Es saber escribir. El verbo de la oración, la acción, es “escribir”, “sobre jazz” solamente es un complemento o como lo llame la sintaxis moderna. Supongo que alguno dirá que no, pero en cualquier medio en el que importe la calidad de la redacción, un erudito que no pueda escribir rapidito y bien no llegará lejos.

  2. A escribir se aprende leyendo y escribiendo tanto como se pueda, y no se acaba de aprender nunca. Y no lo digo como figura poética, probablemente uno aprende antes a conformarse con las propias capacidades que a escribir como un maestro. Casi todos los de este gremio nos medimos en grados de mediocridad, no de brillantez.

  3. De música se aprende como se puede, para empezar, escuchando mucha música, grabada y en vivo. Dado el miserable estado de la música en la enseñanza primaria en España, y la pobreza en la enseñanza reglada de músicas “no clásicas”, se impone el autodidactismo, con la consabida lentitud de aprendizaje y el riesgo de cometer errores inadvertidos. Eso, en lo estrictamente musical. En lo que respecta a la historia del jazz y de su contexto sociocultural, quien tenga tiempo, recursos y ganas -no es literatura para pasar el rato- debe hacerse una biblioteca y leer mucho, principalmente en inglés.

  4. La función de los “críticos” es... depende de a quién se le pregunte. Para los músicos, alguien que puede dar cierta visibilidad a su trabajo y, algunas veces, una referencia cuyo criterio y opinión les es útil como artistas; para la gente que lleva la promoción de esos músicos, simplemente un escaparate más para colocar su producto; para los oyentes, una guía más o menos fiable para saber cómo administrar el tiempo y el dinero dedicados a escuchar discos y asistir a conciertos. Para todos en algún momento, un sabihondo condescendiente y, en algún caso extremo, una cara acreedora de un par de guantazos.

Creo que no me equivoco si digo que me sobra una mano para contar la gente que (mal)vive de esto en España. El resto tenemos trabajos -los afortunados-, familias y vidas personales a las que les quitamos tiempo para dedicarlo a esta dudosa actividad. Hablando con mis mayores en este oficio, mi conclusión es que casi todos hemos llegado a firmar artículos -o ponernos delante de un micrófono- por casualidad y todos hemos sido aficionados antes de pasar al otro lado de la barrera.

Así las cosas, ¿por qué escribimos sobre jazz? La respuesta es un cóctel compuesto por, en diversas proporciones según los casos, los discos y entradas gratis, la necesidad de decir algo, el convencimiento indemostrable de que tenemos algo que decir, el narcisismo -que nos lean-, formar parte del “mundillo”, porque no sabemos hacer otra cosa o, como decía mi madre, “por sacarle algún partido a las horas que le dedicas a eso”.

Por todo eso y porque creemos que esta música merece la pena escucharse, que merece la pena el esfuerzo de acercarse a sonidos desconocidos y “raros”, que la música desprovista de grandes intereses comerciales aporta algo positivo casi por definición, porque nos hace más humanos, si me apuran.

Por eso, a pesar de lo que han leído hasta ahora, seguiremos dando la murga, sea en papel o a través de internet, en Cuadernos de Jazz, en nuestros blogs o donde sea. Y cuando lo dejemos, esperemos que otros recojan el testigo que nosotros recogimos de otros.

Si no, mal vamos.

2 comments:

Carlos Pérez Cruz said...

Hola Fernando,

hay un poco de todo lo que dices en el artículo. Personalmente creo que uno de los males del tiempo presente es la competencia por la cantidad respecto de la calidad fomentado por el espacio "infinito" de la red. Parece más importante reseñar cuatrocientos discos diferentes que discriminar el grano de la paja de todo ello. Se da, de esa manera, la misma presencia a auténticas mediocridades que a buenos trabajos (aparte de lo que ello dice del tiempo que se le dedica a cada audición).

Subrayo lo que comentas de la escritura. Hay graves problemas de redacción que dan lugar a críticas y reseñas muy mal confeccionadas, muy pobres.

Otro aspecto es la limitación de conocimientos que se detecta en la cantidad de lugares comunes en los que caen muchas críticas. Destacar un disco o un concierto por la compenetración o empatía entre los músicos y quedarse ahí no es sino quedarse en lo más básico, en lo único (casi) exigible a una agrupación de músicos. Volvemos a lo mismo. Los mismos calificativos compartidos por medianías y por maestros.

Sobre para qué o para quién escribimos lamento mi pesimismo. En general, para nosotros mismos.

Fernando Ortiz de Urbina said...

Gracias Carlos.

La verdad es que de momento no se me ocurre mucho que añadir a lo que dices.

Supongo que vivimos tiempos de mucho cambio para esto de la música, digamos, "marginal". Tengo la impresión de que se publican más CDs que antes y que las vías de acceso a la música han reventado, pasando de las tiendas físicas o la venta por catálogo (y los intercambios de música entre amigos) a internet en general. Un poco lo que pasó en Nueva Orleans con el Katrina.

Hay un debate que resurge de vez en cuando, que es el de cuántas veces hay que oír un disco antes de reseñarlo. Coincido en lo que dices de la pobreza de las reseñas de discos, pero a mí a veces me parece que lo único que interesa es aquello de "que hablen de mí, aunque sea mal", que lo que verdaderamente importa es la visibilidad y punto.

Como decía el novelista argentino en Amanece que no es poco, quizás se echa en falta un poco de "no me reseñes tú el disco, a ver si me lo vas a joder".

F