26/08/2016

El hombre que estuvo allí

John Coltrane y Rudy Van Gelder, a principios de los sesenta

La fonografía es uno de los motores del jazz. Sin grabaciones sonoras, su evolución no se habría dado tan velozmente. Una grabación permite todas las repeticiones necesarias para asimilar la música. Sin grabaciones, el contacto con una cultura sonora remota sería muchísimo más complicado.

Aparte de esos aspectos de comodidad y conveniencia, la fonografía le ha dado al jazz una estética sonora. Y contra lo que pudiera parecer, dados los cientos de miles de grabaciones que existen y siguen disponibles, buena parte de esa estética —urbana, sofisticada — se debe a una sola persona: Rudy Van Gelder, o RVG, fallecido ayer por la mañana a los 91 años.

Si se compara el sonido de las grabaciones de jazz producidas por compañías independientes en los cincuenta con otros discos grabados en esa misma época, la diferencia es llamativa. Metiéndose en un oficio que no existía como tal, Van Gelder fue probando equipo, a veces modificándolo, para lograr el sonido más natural posible con todos los medios "artificiales" necesarios. Su colocación de los micrófonos en el piano —con la ayuda de Billy Taylor— o hacer que Miles Davis grabase con su sordina Harmon casi tocando un micrófono Telefunken modificado contribuyó a que el sonido del jazz fuese más allá que la propia música y transcendiese su público habitual.

Mucho se habla —no siempre favorablemente— de su meticulosidad y atención al detalle, pero todo ello tenía un objetivo. Michael Cuscuna, alguien que sabe de primera mano lo que implica recuperar y reeditar grabaciones, dice esto de la calidad de su trabajo original:
"Con cualquier grabación del estudio de Van Gelder, lo primero que sale es un gran suspiro de alivio […] no se trata de trabajar para hacer que suene mejor; todo lo que hay que hacer es atarse las manos a la espalda y no cagarla. Es así de sencillo."
Sobre su relación con el jazz, esto dejaron dicho dos habituales del estudio de Van Gelder:
"No todos eran grandes entusiastas del jazz. Rudy sí. Esa es la diferencia. A un montón de ingenieros de sonido les daba igual."
(Ozzie Cadena, productor de los sellos Savoy y Prestige).
"Amaba la música. Incluso antes de grabarla, la amaba. [...] No era un tipo cualquiera que lo hiciese por el dinero. Ponía su corazón y su alma en ello."
(Bob Weinstock, productor del sello Prestige). 

Los tambores y platillos de Art Blakey; su disco Moanin'; el piano de Thelonious Monk, Horace Silver y Wynton Kelly; el órgano Hammond de Jimmy Smith; el Soul Station de Hank Mobley; Oliver Nelson y The Blues and the Abstract Truth; la sesión del 26 de octubre de 1956 de Miles Davis con su quinteto (su última para Prestige); Andrew Hill y Point of Departure; Somethin' Else de Cannonball Adderley; su debut unos años antes en el sello Savoy; Out to Lunch de Eric Dolphy; Coltrane en Prestige; Coltrane en Blue Note; Coltrane en Impulse! y A Love Supreme; Coltrane con Johnny Hartman; Coltrane con Duke Ellington; Ellington con Coleman Hawkins; Lee Morgan y The Sidewinder; Herbie Hancock y "Cantaloupe Island"; Ray Charles y su Genius + Soul = Jazz; Out of the Cool de Gil Evans; el popularísimo "Mr. Magic" de Grover Washington, Jr.; A Night in Birdland con Art Blakey; Coltrane en vivo en Birdland; Wes Montgomery y Smokin' at the Half Note…

Esta es sólo una pequeña muestra a vuelapluma de la obra de RVG, sacada de una lista de miles realizadas para los sellos Blue Note, CTI, Impulse!, Muse, Prestige y Savoy entre muchos otros. Desde 1951 hasta hace unas pocas semanas, Van Gelder fue el gran trabajador autónomo.

Sea cual fuese el motivo por el que se ganó el favor de músicos y productores, desde su disponibilidad inmediata  —"Ready, Rudy?" se convirtió en consigna— o la posibilidad de evitar a los agentes del sindicato de músicos de la vecina Nueva York, la singularidad de Rudy Van Gelder reside en que es la única persona que ha sido testigo de tantísimas obras de arte sonoro en el momento en que sucedieron, en vivo. Como en una tragedia griega, por atender al sonido quizás no pudiera permitirse apreciar plenamente de la música, contribuyendo así al disfrute del resto de los mortales. Aun en parte ausente, Rudy Van Gelder es el hombre que estuvo allí.

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  • Este artículo de Dan Skea (en inglés) abunda en los detalles técnicos de los primeros años de Rudy Van Gelder como ingeniero de sonido.

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