
El pasado 13 de abril, el Vortex, una de las salas más potentes de la escena londinense, presentó un lleno absoluto. El motivo: la presentación del último disco de Django Bates, un homenaje a Charlie Parker en formato de trío.
Semejante premisa –Bird en trío de piano– auguraba sorpresas en manos de Bates. Dada la trayectoria del pianista, raro iba a ser que el trío o los arreglos de un repertorio tan clásico anduvieran remotamente cerca de lo ortodoxo o lo previsible. Siendo eso cierto, nada podía haber preparado al público, ni siquiera a los seguidores más fieles de Bates, para este recital.