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| Portada de Take Me Dancing |
Piazzolla sigue siendo uno de los músicos argentinos más internacionales, a pesar de que falleció hace más de veinte años. Conoció fama internacional, colaboró con grandes artistas, trascendió estilos, países, públicos... Sin embargo, entre la trayectoria ascendente de los cincuenta, con el éxito artístico del Octeto Buenos Aires, y la nueva etapa que se inicia con “Adios Nonino”, el réquiem para su padre fallecido a finales de 1959, hubo dos años de serio bache vital, los que pasó en Nueva York entre febrero de 1958 y junio de 1960. Mientras la ciudad efervescía de música (piénsese en el jazz que aquel momento) y el país entero vivía la bonanza económica del final del mandato de Eisenhower, Piazzolla se daba de bruces con el fracaso de su aventura estadounidense. Su recuerdo, agridulce, apenas asoma en las Memorias recopiladas con Natalio Gorín.
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| The New Yorker, 30 de enero de 1960. La "colección de argentinos" debe de ser Copes, Piazzolla, Rausch y cía. |
El argentino Carlos Rausch, entonces pianista y copista de alquiler en Nueva York, colaboró con Piazzolla en el interludio neoyorquino. Lo que sigue es el testimonio de primera mano de un colega músico que también trataba de abrirse paso en Nueva York, parte de su primera entrevista sobre Piazzolla (más, aquí), para la que escuchó también por primera vez los discos Take Me Dancing y Evening in Buenos Aires, grabados por Piazzolla en Nueva York en 1959.
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| Carlos Rausch y Astor Piazzolla en Nueva York, mayo de 1959 (© Carlos Rausch) |


