20/07/2012

Viejos amigos y cassettes

Aunque vivo en Londres, vengo de un pueblo pequeño del País Vasco, en el norte de España. Estábamos muy cerca de San Sebastián y su célebre festival de jazz, pero la verdad es que apenas había vida musical o cultural. La única librería del pueblo la llevaba un vecino, y había un par de tiendas de discos diminutas, en una de las cuales me pasé muchas horas muertas pegando la hebra con Iñaki, el dueño. De esto hace muchos años, antes de Internet, del mp3, de los cedés grabables. Para pasarnos música entre amigos, o nos prestábamos los discos, o nos los grabábamos en cassette.

Por aquel tiempo yo andaba metido hasta el cuello en el blues y por afinidad musical y la cantidad de horas que me pasaba allí, hice buenas migas con otro habitual: Ketxus.

Ketxus tenía unos diez años más que yo. Era un tipo normal, pero —perdón por el barbarismo— cool, simpático, sin aspavientos, sin alardes, con unas patillas enormes y cierto parecido a John Sebastian cuando estaba en Lovin' Spoonful. Le encantaba la música y llevaba una pequeña papelería en otro pueblo de la provincia. Tenía novia, coche, una guitarra acústica y una colección de elepés variada pero con gusto. Como a mucha gente de su quinta, le encantaban la cerveza —las garimbas— y los porros, pero lo cierto es que nunca le vi pasado de rosca, ni me incitó en lo más mínimo a beber o a fumar. Cool, como decía.

A lo largo de los años me grabó unas cuantas cintas, con sus cubiertas "de artesanía" y toda la información pertinente escrita a mano, en las que metió música que yo no conocía y que pensó que me gustaría. De esas cintas, conservo al menos tres: una recopilación de grabaciones de Carmen McRae de los años setenta, el The Gifted Ones de Dizzy Gillespie y Count Basie (original Pablo), y mi primerísima colección de grabaciones de Charlie Parker.

Quizás fuera mi edad, o mi hambre de música, o acaso el buen juicio de Ketxus con respecto a mi gusto, pero esas cassettes me causaron una impresión fortísima (hoy tengo toda esa música en ediciones oficiales en cedé). La de Carmen McRae, aunque un poco empalagante, me encantó. The Gifted Ones también, especialmente por el "Back to the Land" que abre el disco y por el añadido que metió para completar el minutaje de la cinta, la versión de Miles Davis de "It Never Entered My Mind" grabada en 1957 en el Café Bohemia. No obstante, fue la cassette de Charlie Parker, una TDK de cromo de 90, la que me dejó una huella más profunda. Hasta entonces me había costado digerir su música, pero por algún motivo lo conseguí con esta colección y me convertí en fan de Bird para siempre. La cinta tiene unas pocas grabaciones en estudio (originales Dial), así como una excelente selección de directos, especialmente los del Carnegie Hall de 1949. Me enganchó tanto que conseguí aprender el tema de "Ornithology" con la guitarra después de varias semanas y un desgaste serio de las teclas de REW y FFWD. Desde entonces Charlie Parker ha sido uno de mis héroes musicales, y fue gracias a Ketxus.

Con él compartí algunas aventuras curiosas, como un bolo delirante de Jimmy Dawkins en una discoteca perdida de carretera en la costa guipuzcoana, en el que el bluesman se enfadó muchísimo con un imbécil que le tiró, o más bien dejó rodar, una botella de cerveza sobre el escenario, y en el que terminó por tocar "Hey Joe" sólo para que se callase el pesado que la llevaba pidiendo desde el principio del concierto.

Unos años después pude corresponder a mi colega. A Iñaki y a mí nos encantaba identificar y encontrar discos raros por amor al arte o por peticiones de sus clientes, y durante mucho tiempo lo más alto de la lista lo ocupó Ketxus. Estaba obsesionado por un disco de Stanley Turrentine que tenía grabado en una cinta, sin más información que los músicos y algunos de los temas. Iñaki hizo todo lo que pudo —lo buscó incluso en un viaje que hizo a EE UU— y pasamos mucho tiempo sin poder averiguar siquiera el título del disco y la compañía que lo había publicado. Yo ya había emigrado cuando un día, ojeando un libro japonés sobre el sello Blue Note, vi la portada y la información básica del Straight Ahead de Stanley Turrentine, un disco de ese sello, de 1984, que ha quedado perdido en los pliegues de la historia. Los temas coincidían y los músicos también. Encontré un ejemplar decente del elepé en eBay, lo compré y, sin decirle nada, hice que se lo enviaran a su casa. Poco después me llegaba un SMS impagable que decía algo como "tío, qué fuerte, es éste!".

Volví a ver a Ketxus alguna vez que pasé por el pueblo. Hace unos meses me acordé de él, porque me compré The Gifted Ones en cedé. Pensé en mandarle algo de música, o quizás llamarle por teléfono y contarle mi tardío (re)descubrimiento de The Band, algo que le habría hecho gracia. Busqué su nombre en Google, y me enteré de que falleció el año pasado por estas fechas. Tenía sólo 52 años, pero le falló su buen corazón.

No era más que un tipo común, pero yo no le olvidaré.

3 comments:

Ramon Arauzo said...

Me ha encogido el corazon este post, un saludo desde Zarautz

Carlos Pérez Cruz said...

Touché. Precioso y agridulce. Brindo por él. Gracias, Carlos.

Fernando Ortiz de Urbina said...

Gracias a ambos. Me dicen que varios amigos de Ketxus han leído esta entrada con gusto. Un abrazo para ellos.

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