Aunque vivo en Londres, vengo de un pueblo pequeño del País Vasco, en el norte de España. Estábamos muy cerca de San Sebastián y su célebre festival de jazz, pero la verdad es que apenas había vida musical o cultural. La única
librería del pueblo la llevaba un vecino, y había un par de tiendas de discos diminutas, en una de las cuales me pasé muchas horas muertas pegando la hebra con Iñaki, el dueño. De esto hace muchos años, antes de Internet, del mp3, de los cedés grabables. Para pasarnos música entre amigos, o nos prestábamos los discos, o nos los grabábamos en cassette.