17/05/2015

El Rey ha muerto; larga vida al blues

BB King por Naiel Ibarrola

BB King ha muerto y da la sensación de que hemos llegado al fin de una era. Hay músicos que parecen haber estado siempre "ahí". En el caso de King, ya estaba tocando cuando mi padre era un bebé; cuando se publicó su primer éxito "Three O'Clock Blues", Elvis tenía 16 años. Además, es el último bluesman conocido en todo el mundo que salió de los algodonales de Mississippi, donde nació en 1925. Y también es, con total seguridad, el último líder de orquesta que anduvo el largo camino desde el legendario "chitlin' circuit", el circuito de teatros y clubes donde tocaban los músicos afroamericanos, a los auditorios más selectos del planeta.

Es el fin de una era.

BB King es singular por muchos motivos: se le conoce en todo el mundo; su nombre ha quedado grabado para siempre en la cultura popular, y lo ha logrado sin apenas presencia alguna en las listas de éxitos. "The Thrill Is Gone" llegó a los puestos 3 y 15 de las listas de R&B y pop de Billboard respectivamente. En 1969. El salto definitivo a la fama mundial más allá de cualquier consideración musical o de otro tipo llegó, posiblemente, gracias al documental (y disco) Rattle and Hum de U2, en el que King aparece con una canción, "When Love Comes to Town". A raíz de esta colaboración, King participó como telonero en la gira internacional de U2 de 1989. Hace ya 25 años de esto.

Pero King hizo giras. Muchísimas. En 1956 tocó 342 noches en 342 teatros y clubes distintos con una big band (redujo el tamaño de su grupo al año siguiente). Dejó de actuar hace unos meses porque le era físicamente imposible hacerlo, y lo único que ha impedido su retorno al escenario es su fallecimiento. Su promedio anual de actuaciones debe de andar entre 200 y 300 durante más de 60 años. Charles Sawyer, autor de su primera biografía, se preguntaba en 1980 si King alcanzaría el estatus cultural de una figura como Louis Armstrong, alguien no sólo reconocible al instante, una figura popular con méritos musicales indiscutibles, y querido universalmente en sus años dorados. Cualquier posible duda a este respecto —incluidas las del propio King, dado a cierta inseguridad— desapareció hace mucho tiempo.

El saxofonista George Coleman, hoy un veterano del jazz y reciente NEA Jazz Master, tocó, doce breves pero intensos meses, en la orquesta de King entre 1955 y 1956. Cuando entró en la banda tocaba el alto, aprendió el tenor sobre la marcha, y cuando se despidió era ya un veterano del instrumento por el que se le conoce hoy. Como contó en una entrevista, King y su orquesta jamás fallaron ni una sola actuación y siempre se pagó puntualmente (y generosamente, según el propio King) a los músicos. Además de Coleman, entre los miembros de aquella orquesta que lograron cierta fama en el mundo del jazz se incluyen Hank Crawford y Phineas Newborn, Jr.

Sería fácil especular sobre el origen de la ética de trabajo de King, pero algo tendrá que ver el hecho de que trabajase en los campos de algodón desde los siete años. En esta entrevista también explica cómo contrataba a sus músicos: "primero un 75% de persona, ya sabes, que sea un caballero; y un 25% de músico [...] Si es un buen tipo, puedo tolerar los defectos en lo otro". Después de más de medio siglo en el negocio, ni una sola persona ha dicho una mala palabra sobre él, ni siquiera tipos duros del negocio del disco como los hermanos Bihari (para quienes grabó durante su primera década como líder), o Sam Phillips (quien grabó a King en su legendario estudio de Memphis).

Como artista, King fue firme en su adherencia al blues. Cuando, por ejemplo, el tsunami del rock'n'roll arrasó la música popular —principalmente desde Memphis, donde el propio King tenía su base— dejó pasar la ola, sin más. No sólo fue fiel al blues, sino que reivindicó la dignidad del género ante públicos blancos y también afro-americanos, a quienes quiso reconciliar con su propio legado musical. El aspecto más visible de su compromiso en este sentido es su aspecto siempre impecable y sus trajes, siguiendo el ejemplo de caballeros como Duke Ellington y Nat King Cole. 

La afabilidad de King, unida a las tablas que da un descomunal número de kilómetros a sus espaldas, explica su empatía con públicos de todo el mundo, personas con las que en muchos casos no podría mantener una conversación. Este vídeo de 1970 es un buen ejemplo de cómo se mete en el bolsillo a un público, el de una cárcel, especialmente complicado. Existen muchos testimonios sobre su paciencia y disposición a la hora de saludar a todo el mundo que se le acercase al final de un concierto, siempre humilde y sin olvidar nunca lo privilegiado que era por haber llegado hasta donde lo hizo.

Si es así, se equivocaba. Los privilegiados fuimos nosotros.

Descanse en paz, y larga vida al blues.

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En lo estrictamente musical, no hay mucho más que decir, aparte de lo que ya se ha dicho y lo que está disponible en grabaciones y vídeos. En estos, King se explaya a fondo sobre su forma de tocar la guitarra, desde el tipo de cuerdas y amplificadores, a las escalas y acordes que tocaba.

King fue un enorme guitarrista, especialmente en su virtuosismo con la dinámica, que controlaba desde su guitarra con precisión quirúrgica para obtener el máximo efecto. También fue enormemente influyente, pero, como dijo una vez Bob Koester, fundador y  propietario de Delmark Records, escuchar blues e ignorar la voz —por la guitarra— es como ir a la ópera a escuchar la orquesta. Que no se le escape al oyente el BB King cantante, con su hermosa voz de tenor ligero (al menos cuando era joven), y sus frecuentes melismas.  

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Por algún motivo, acaso por cuestiones de derechos y las circunstancias en que fue grabado, la actuación de BB King con la que es más probable toparse antes o después es la siguiente, porque se ha pirateado hasta el hartazgo. No por eso es una actuación desdeñable, y se grabó el 28 de enero de 1983 en el Palais des Congrès de Cannes (Francia). Se puede escuchar en Spotify.

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El excelente documental Life of Riley puede verse, en inglés y al menos de momento, aquí

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Conciertos y entrevistas (en inglés):

2 comments:

Daniel Castro Ubetagoiena said...

Echamos de menos tus comentarios y tus reflexiones sobre nuestra música. Espero vuelvas pronto. Un saludo desde donosti

Fernando Ortiz de Urbina said...

Se agradece Daniel. Espero poder escribir algo antes de finales de año.

Saludos a Donosti.