Compartimos mesa unas cuantas veces. Hablamos. Nos escribimos. Me publicó más de una década. Pero apenas le conocía. Era argentino.
Por avatares de la vida terminó en España. Conoció a una mina, María Antonia. Congeniaron y se unieron en algo que duraría para siempre, en contrapunto, de la misma forma en que con Charlie Parker casaba mejor Miles Davis que Dizzy Gillespie. Ben Webster y Art Tatum. El contraste como elemento cohesivo.
En persona su presencia compensaba su calvicie perpetua con creces. Era argentino. Hablaba y te dejaba sumido en una nube incierta; mi conclusión es que si te liaba era, principalmente, sin querer. Puede que yo sea un blando.
Trabajó por cuenta ajena y en algún momento lo dejó. Si fue así, lo hizo para dedicarse en cuerpo y alma a su revista, Cuadernos de Jazz. Veinte años de papel casi mensual. Ninguna revista española de jazz ha durado tanto en los quioscos. Y en internet sigue.
Era argentino.

